UNOS AMIGOS EN UN ZAPATO

© Relato creado y registrado por María de Juan.
Prohibida la reproducción total o parcial sin el consentiminto de la autora.

[ Cuentos en botella ]


a niña Ana se había quedado sin voz. Nadie sabía cuándo había sucedido, nunca había hablado demasiado en realidad, y con la vorágine habitual de las fechas navideñas, todos sus familiares tardaron un poco en percatarse de que la niña no hablaba.

Pensando que se trataba de una afonía o algún tipo de herida en la boca, la niña fue examinada por varios médicos, que no consiguieron determinar qué le sucedía.

Su hermanito pequeño, la noche de Reyes, se presentó en la habitación de su madre, y le dijo:

-- Mamá, yo sé cómo devolverle la voz a Ana.

--¿Sí? ¿Y cómo así?

-- Ana no habla porque la voz se le ha quedado triste desde que vio a los pobres.

-- ¿Los pobres, Ángel? ¿A quiénes te refieres? Nosotros somos pobres también, ¿de quién hablas?

-- La noche antes de nochebuena, mientras tú y la tía preparabais la cena, Ana y yo fuimos a llevar la basura. Y vimos a una familia, polacos creo que les dicen en el barrio que son, tres niños, el padre la madre, que esperaron agazapados a que nos fuéramos para abrir la bolsa de basura que nosotros habíamos dejado en el contenedor. ¿No te acuerdas que ese día habías castigado a Ana porque no quiso comerse el queso, que dijo que no era de la marca que le gustaba? ¿Y que lo terminaste tirando a la basura? Pues vimos a uno de los niños comérselo. Yo no había visto antes a nadie comer de la basura, y me quedé mirándolo. Ana me dio un tirón y dijo: ''No mires'', pero yo vi que cogían su queso, y le dije: ''Ana, se come tu queso'', y entonces ella miró, y escuché como que empezaba a llorar pero no pudo. Y tiró de mí con fuerza hasta casa, y se encerró en su habitación.

Y desde entonces es que no habla.

La madre de Ana y Ángel, sentada en la cama, y completamente despierta, pensaba.

Sí, podía ser, todo encajaba. Ana no hablaba desde ese día. Pero, una vez resuelto el misterio, ¿cómo devolverle la voz a Ana? ¿Qué podrían hacer para que su corazón encontrase otra vez el sonido?

-- Mami, que yo tengo una idea...--la interrumpió Ángel.-- Creo que yo sé cómo devolverle la voz. Quiero quitar mi zapato a los Reyes Magos, y llevarlo a casa de los polacos, que viven al final de la calle, en aquel edificio okupado.

La madre era una mujer muy razonable, y nunca descartaba una idea sin sopesarla, así que consideró por un momento la propuesta de su hijo.

-- Está bien, Ángel...pero creo que yo sé otra forma. Vístete, que vamos a salir.

La madre de Ángel era muy rápida en la cocina, tanto como para que le diera tiempo a tener un listo un perol de sopa casera calentita, y un termo de café con leche, justo cuando el niño ya llegaba vestido a la cocina. Ella le entregó la cesta de navidad que les habían dado en la Asociación de Vecinos, como cada año, y que aún tenía la mitad de su contenido intacto, para que le ayudara a empujarla dentro del carrito de la compra, y cargados con todos, se fueron calle abajo, hasta la casa okupada.

Ninguna de las madres hablaba demasiado bien el idioma de la otra, pero se entendieron sin palabras. A los tres niños que dormían en un mismo saco, unidos en un abrazo de calor, no hubo que explicarles nada, se abrazaron a los tazones de sopa como si fueran un osito de peluche, y la bebían con reverencia, como uno bebe el vino de misa del cáliz.

En la mañana del seis de enero, Ana se levantó sin ganas y sin voz a mirar qué le habían dejado los Reyes en su zapato.

Pero cuando vio que sus juguetes estaban ya abiertos, y jugando en las manos de otros niños, no se enfadó. Se fue a la cocina, donde su madre compartía un trozo de Roscón con la madre de los otros niños, y les dio un abrazo a ambas.

-- Feliz día de Reyes, mamá -- dijo Ana.

-- Feliz día, cariño. Estamos desayunando Roscón, como cada año, ¿quieres un poco? ¿o quieres ver tus juguetes?

-- No, quiero comer roscón, creo que hace tiempo que no podía tragar la comida. Esta mañana podré. Y luego ya jugaremos todos.

Cuando al día siguiente, en el colegio, los niños, crueles como ellos solos, hacían inventario de qué regalos tan estupendos les habían dejado los Reyes en sus zapatos, intentando todos quedar por encima del compañero, Ana respondió, a la pregunta de qué le habían regalado los Reyes Magos ese año:

-- Amigos.



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