CARPE DIEM
© Relato creado y registrado por María de Juan.
Prohibida la reproducción total o parcial sin el consentiminto de la autora.
[ Cuentos en botella ]
l pasado le dijo al presente:
-- Me siento solo, acompáñame.
El presente, que había sido educado en el respeto a sus mayores, acudió a su lado y le dedicó unos años preciosos.
No se le hizo pesado su trabajo, porque solía ir a visitarle el futuro, siempre con nuevas historias, con nuevas cartas que repartir, con sonrisas, proyectos e imaginación. Y así, cuidando del pasado, y distraído con el futuro, fueron pasando los años.
Un día el presente enfermó, y hubo que llamar al médico de guardia.
El doctor, un encantador caballero de edad indefinida, examinó al paciente durante un rato, y salió de la habitación, para explicar la situación a los angustiados pasado y futuro.
-- No tiene nada.
-- ¡Ah! -- suspiraron aliviados.
-- No, no es una buena noticia. No tiene nada: ni pulso, ni latido, ni calor, ni signo vital alguno. Vive, porque habla, respira, y se duele. Pero, tras una exploración, se comprueba que en realidad no hay vida en él. Estoy perplejo, no había visto algo así en toda mi carrera. ¿Ustedes saben cómo pudo llegar su amigo a este estado?
El pasado y el futuro se miraron, hicieron ademán de estrecharse la mano, dada su imposibilidad de tocarse, y entraron al cuarto del enfermo seguidos por un médico atónito.
El presente se alegró infinito de verlos. E intentó incorporarse en la cama para alcanzarlos, pero ya no tenía fuerzas ni para eso.
El pasado dijo adiós con su mano izquierda, y sonriendo, sonriendo, se fue replegando sobre sí mismo, como se dobla una cuartilla en dos, y luego en cuatro y en ocho...hasta convertirse en un viejo libro, con aspecto de diario, a los pies de la cama del enfermo.
El futuro sonrió, elevó sus manos hacia el techo, y se fue difuminando poco a poco, desapareciendo desde los pies hasta las puntas de los dedos, en menos tiempo que un par de parpadeos. Cuando desapareció, una brisa fresca parecía haber inundado la habitación.
El presente, con las mejillas enrojecidas, y los ojos llorosos, se levantó, tomó el diario entre sus manos, y en pijama y zapatillas, sin esperar ni al reclamo del doctor que quería comprobar su estado, abrió la puerta de la calle y caminó, caminó guiado por el rumor de la brisa, que olía a flores de cerezo, a pesar de que aún era navidad.
[ Cuentos en botella ]
© Relato creado y registrado por María de Juan. Prohibida la reproducción total o parcial sin el consentiminto de la autora.
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