EL CORAZÓN EN BANDEJA

© Relato creado y registrado por María de Juan.
Prohibida la reproducción total o parcial sin el consentiminto de la autora.

[ Cuentos en botella ]


a niña de las violetas tenía un corazón muy grande. Nació ya grande, y se le fue desarrollando durante la infancia y la juventud. A veces el corazón le oprimía el pecho, de grande que era, así que un día decidió sacárselo fuera y llevarlo en una bandeja.

Al llevarlo en una bandeja, el corazón empezó a sufrir agresiones...ahora aquí, luego allá, este, el otro...el corazón iba recibiendo golpes...

y la niña de las violetas se asustó, se asustó de ver cuánto se puede doler un corazón, incluso uno tan grande como el suyo.

Para evitar daños mayores, encargó al carpintero del pueblo una linda caja...preciosa, toda tallada, con una sola rendija por la que se oyera el tictac del corazón, por la que este veía la luz del sol.

A partir de entonces, la niña de las violetas, que ya era mujer, llevó su corazón en su caja.

Y el corazón dejó de crecer, cosa que ella atribuyó a su edad adulta.

También latía algo más lento, pero muy acompasado, y la niña ya mujer pensó que era la madurez.

Un día, la mujer de las violetas se cruzó con un vendedor de flores.

Y recordó que a pesar de su nombre, hacía mucho que nadie le regalaba violetas. En concreto, desde que su corazón estaba a salvo, no había violetas en su vida.

Quiso comprarle flores al vendedor de flores, pero el vendedor se negó.

-- Yo te las regalaría, si te sirvieran.

-- ¿Si me sirvieran? ¿Qué quieres decir, vendedor?

-- Que las flores te las regalaría, si tu corazón pudiera disfrutarlas, pero por esa triste rendija, no apreciará mi gesto y no vale la pena.

-- Pero ahí mi corazón va protegido, ahí, nadie le hará daño...

-- ¿Te han herido mucho, dama de las violetas...?

-- Mucho.

-- ¿Tanto como este...? --y al decir esto, el vendedor de flores se abrió el gabán que nunca se quitaba, para descubrir que no tenía torso, sino un agujero negro donde flotaba un corazón, grande, muy grande, el doble de grande que el que la niña guardaba en su cofre, y lleno de heridas sangrantes.

-- Ay, ¿qué le pasó a tu corazón? -- preguntó la dama de las violetas, impresionada.

-- Que amó mucho. Sólo eso.

-- Ven, que te dé un abrazo --ofreció la dama.

-- No, no puedes...tu corazón está en el cofre, esa madera haría trizas mis heridas.

La dama de las violetas tomó su cofre, lo abrió, y dejó flotar su corazón hasta que llegó junto al corazón del vendedor de flores.

Ambos corazones detuvieron por un instante su tic....¡tac!...y empezaron a latir al unísono...como ya no dejarían jamás de hacerlo.

Ni dejaría de llevar violetas en su pelo la niña con el corazón liberado, porque se las regalarían cada mañana.



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