LA MUJER QUE SE BEBIÓ SU PENA

© Relato creado y registrado por María de Juan.
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[ Cuentos en botella ]


ola, Mónica:

Me ha aconsejado el médico que escriba cartas como parte de ayuda a mi recuperación, y empiezo contigo.

Me ha dicho mi madre que has llamado al móvil varias veces. Gracias por hacerlo, pero no me dejan tener móvil aquí. En algunas semanas espero que sí.

Mientras, estoy recuperando esta costumbre tan olvidada de escribir cartas.

Casi no sé ni sujetar el bolígrafo entre los dedos. Es más complicado que teclear sms ,que era lo único que escribía desde hace años.

Me recuerda a mis años en el Insti, ¿te acuerdas? cuando pasábamos el día tomando apuntes.

Cuando pienso en aquellos años recuerdo las risas sobre todo.

¿Cuándo dejamos de reirnos?

¿En qué momento los gritos de fondo ya no eran juegos juveniles y empezaron a ser broncas?

A veces me concentro en esos detalles, e intento trazar una línea en el suelo, para saber cuándo empezó todo, cuándo la cuesta abajo.

El médico dice que no me obsesione con eso. Que lo importante es el ahora y el a dónde voy.

Pero yo tengo que saberlo, ¿entiendes, Mónica?

Tengo que saber cuándo empecé a caer, porque tengo miedo, tengo tanto miedo a volver a caer que quiero reconocer los síntomas.

Seguro que hubo alguna señal, alguna sirena que sonó y yo no la oí.

Tuvo que haberla.

Y yo tengo que encontrarla dentro de mí.

Tengo que poner en off esa alarma que me avise si alguna vez vuelvo a estar caminando al borde del precipio.

Porque yo no quiero que me vuelva a pasar. Cualquier cosa menos volver a viajar a ese sitio.

Pero ella era mi amiga. El médico no me entiende. Tampoco la doctora que me vio primero, en la Seguridad Social, en el ambulatorio del barrio, tampoco ella me quiso entender.

Ella no comprendía que cuando escuchaba la llave en la puerta se me borrara la sonrisa de la cara y mi único consuelo fuera confiar en ella, en esa compañera sin la que no hubiera podido irme a dormir noche tras noche.

Es extraño.Se puede pasar el día con sueño, con mucho sueño, deseando que llegue la hora de acostarse...y después quedarse mirando al reloj como una idiota, sólo acompañada por mi amiga, viendo que dan muchas más de las que cantaba Sabina...

Las tres, las cuatro, las cinco...

a las seis ya era una lucha conmigo misma.¿Para qué acostarme si total me tendría que levantar enseguida?

Y era una pelea estúpida que terminaba venciendo el cansancio, a veces.

Me despertaba sobre la mesa de la cocina, habiendo dormitado un par de horas de cualquier manera, escondía lo que podía delatar que había vuelto a pasar horas desahogándome con ella,me metía en la ducha y ya conseguía parecer una normalita ama de casa bien dormida y eficiente, otro día más.

Cada vez que había una bronca, otra más,cincuenta más...

me iba con ella.

Joder !! A mí no me gustaba tener que hacerlo. Claro que sentía que abusaba de ella.Que no podía ser que en mitad de todo el jaleo yo sólo pensara en ella, en que cuando llegase el silencio, ella me ayudaría a olvidar ese mal rato. O si no llegaba, con ella casi parecía que había silencio.

El cabrón de mi marido empezó a decir que, en realidad, nuestras discusiones eran por culpa de ella. Que si le dedicaba más tiempo a ella que a la casa, que a los niños. Ya,pues la casa bien que nunca le importó cuando las cosas iban bien. Y los críos ni antes ni después. Sólo cuando nos gritábamos, entonces salían mucho los críos a relucir. El resto del tiempo sólo eran máquinas de tragarse el dinero, el dinero que él aportaba, claro. El que gastábamos los niños y yo, claro también.

Y él erre que erre a echarle la culpa a ella.

A ella, y no a los gritos. A ella y no a los silencios de años. A ella y no a los desencuentros. A ella.

Era más fácil acusarla a ella. Estaba más a mano y nunca se defendía.

Yo sólo sabía terminar llorando, otra vez, cincuenta veces más, y decir que la necesitaba. Que sin ella ya no podía vivir.

Hubo un tiempo en que pensaba que era sin mi marido, sin aquel desconocido que ahora tenía enfrente gritándome, sin el que no podría vivir.

¿Cuándo crucé esa línea?

¿cuándo empecé a creer que para poder vivir lo que necesitaba era que él no estuviese?

Yo estoy convencida de que si él no hubiese estado, yo no me habría volcado tanto en ella. No habría abierto esa puerta una y otra vez buscando su compañía, su ayuda y su consuelo.

Mi médico dice que eso son las mentiras que yo intento creerme. Que me justifico. ¡Ostia que me justifico! Es que fue lo que pasó.

Cuando nadie más te escucha, cuando no tienes quien te ofrezca una oreja...¡ella estaba! Y eso es más de lo que puedo decir de todos los que me han ido fallando una y otra vez a lo largo de la vida.

A mí me hubiera gustado ser fuerte, en serio que sí.

Hubiera dado un brazo o una pierna por haber sido fuerte. Como mi madre,mismamente.

Se quedó viuda con tres hijas pequeñas y nos sacó adelante,sola, sin hombre alguno ni amiga siquiera.

Mi madre era fuerte. Todo un ejemplo.

Por eso yo no podía contarle lo mío. Se hubiera avergonzado de una hija tan débil. Bastante ya me dolía verme en sus ojos cuando nos miraba a las tres, y mis hermanas , a las que quiero con locura, me hacían daño con su sola presencia. No es que nos comparase. Es que no había por dónde compararnos, joder.

Las dos guapas, arregladas...de jovencitas decían que nos parecíamos mucho, ¿cuándo empecé yo a parecer ese adefesio que veo en el espejo? Con sus críos tan a juego. Sus niños nunca suspendían, los míos sí. Sus hijos nunca estaban enfermos, los míos todo el tiempo. Sus niños ganaban trofeos y premios todo el rato, a los míos ni los aceptaban en los equipos. Sus maridos hasta olían siempre a limpio. Mi madre me decía que era yo que nunca aprendía a planchar bien camisas. Ostia, qué bueno. Si mis hermanas no planchaban. Pagaban para que se lo hicieran. Así hasta yo dejo bien los cuellos.

Si es que encima, hasta cuando llegaba la época de pagar a Hacienda, yo, que andaba vestida con la ropa de mis hermanas de la temporada pasada, era a la que tocaba pagar, y ellas, encima, se reían comentando cuánto les había dicho el asesor que les tendrían que devolver ese año.

¿Asesor? A mí me la hacían en Hacienda cada año, que era gratis. A lo mejor era por eso. Nunca lo supe, nunca pude pagarme un asesor. Un año de estos tengo que ahorrar y darme el gustazo. Debe sentirse una mejor que cuando se da un masaje de esos de salón de belleza. Esos que a veces he probado porque alguna de mis hermanas me invita para tener con quien hablar mientras se lo dan.

Pero más que vivir como mis hermanas, yo juro que lo que me hubiera hecho otra mujer era haber sido fuerte como mi madre.

Entiendo que a ella no le gustara mi amiga.

Que pusiera cara de asco al hablar de ella.

Que arrugara la nariz y mirara alrededor, bajando el tono para asegurarse de que nadie nos escuchaba, para preguntarme por ella.

Yo te entiendo,madre.

Pero no sabes lo que jode que a una no la entienda ni dios.

Que el único que parezca hacerlo sea este loquero que viene por aquí tres veces a la semana. Que apenas me mira por encima del informe, que le pregunta a la enfermera de turno ''¿Cómo va?'' , delante de mí, como si yo no estuviera, como si fuera un gráfico de la pared, o ,peor, como si no importara.

Y que se despide con un par de golpecitos en el hombro, como si fuéramos amigos de algo.

Yo no tengo amigos, no me quedan. Y a la que tenía aquí no la dejan entrar.

Mierda de sitio.

A ver si con esto de las cartas me puedo ir primero.

..............

Pues vaya, Mónica,parece que no. Que no me van a dejar enviarla. Me han retirado el privilegio de escribir. Han leído la carta y el médico dice que he sufrido un retroceso.

¡Será cabrón! Me hace escribir y luego me castiga por lo que pongo.

Dice que mientras no acepte que la bebida no es mi amiga, que bebo porque tengo un problema, no estaré recuperándome.

¡¡Ostiaputa!! ¡¡Claro que tengo un problema!!

Que aquí no me dejan beber ...ése es mi puto problema.

Ese y que el hijodeperra de mi marido está durmiendo en mi cama con la vecina del segundo y mis hijos han empezado a llamarla mamá,mientras yo sigo aquí, sin mi única amiga y ahora sin cartas siquiera.

Y verle las lágrimas a mi madre en la cara cuando viene a verme.

Y escuchar a mis hermanas nombrarme en voz baja desde el fondo del pasillo, como se habla de los muertos...

¡¡Coño,que aún no me he muerto !!

Aún no, aún no...

pero entre todos me estáis matando, ¡¡mierda de mundo, mierda de familia, mierda de sitio sin una maldita botella...!!!!!

F.



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