EL RENO FEO
© Relato creado y registrado por María de Juan.
Prohibida la reproducción total o parcial sin el consentiminto de la autora.
[ Cuentos en botella ]
rase una vez un reno feo. Feo con tantas ganas, que ni siquiera llegaron a brotarle los cuernos. Sus hermanos se burlaban de él y decían que no se habían atrevido a salir, por no verle la cara.
El reno no había conseguido ni pasar las fases de selección previa para reno del trineo de Santa Claus así que, dolido por su fracaso, se había ido a trabajar con los mulos de carga, a los muelles del Polo norte.
Y allí se estropeó la espalda de tal forma, que encima de lo feo que era, le salieron unas jorobas incomodísimas que no le permitían ni trabajar.
Le jubilaron por enfermedad muy joven, y no sabiendo qué hacer con su tiempo libre, se fue a conocer mundo.
Atravesando un desierto, se encontró con unos viajeros a los que se les habían muerto de sed los caballos, y que iban a pie, cargados con muchos bultos, con prisa, con prisa, como si alguien les estuviese esperando.
Así era, le comentaron.
-- Nos espera Dios recién nacido, y vamos a llegar tarde -- se quejó uno de ellos -- Llevamos regalos para él que pueden estropearse, y los caballos no han sobrevivido al viaje.
-- No estaban acostumbrados a trabajar duro -- les defendió otro del grupo -- Son caballos reales, no porteadores.
-- Bueno, si lo que os hace falta es un porteador, y ya que parece importante vuestro motivo...yo si queréis puedo llevaros a alguno y también cargar algunos paquetes.
Los miembros de la comitiva lo pensaron durante un rato y, al final, los tres más osados de entre ellos, tomaron cada uno un hatillo pequeño, y se encaramaron a su lomo. No viajaban en una postura muy cómoda, pero lo que todos querían era llegar.
En unos pocos días, justo la noche de un cinco de enero de hace mucho tiempo, los tres viajeros y el reno con jorobas llegaron a rendir pleitesía al Niño Dios.
El reno, exhausto por el esfuerzo, se cayó sin sentido a los pies del pesebre, mientras sus amigos le entregaban sus pequeños presentes al recién nacido.
-- Gracias por la visita -- dijo el Niño Eterno -- ¿Aceptaréis algún regalo por mi parte para compensar vuestro viaje?
Los tres amigos se miraron y explicaron:
-- Nunca hubiéramos llegado a tiempo sin la ayuda desinteresada de nuestra cabalgadura, que ya ni puede ponerse en pie. ¿No podrías hacer algo por ayudarle? Tiene esas jorobas tan extrañas en la espalda, y es tan feo que los demás renos no quieren ser sus amigos. ¿No podrías volverlo sano y hermoso?
-- Haré algo mejor. --prometió el Niño Divino.
Y el reno se levantó al instante sobre sus patas, más altas, más esbelto su porte, sus jorobas más marcadas y sus rasgos más chatos, pero todo él más vigoroso y fuerte.
-- Serás conocido a partir de ahora como camello: La única cabalgadura digna de los Reyes que han venido a visitarme. Serás padre de miles como tú, seréis los señores de los desiertos y los viajes difíciles. Triunfaréis donde otros fracasan. Y todos los niños del mundo querrán ser tus amigos.
[ Cuentos en botella ]
© Relato creado y registrado por María de Juan. Prohibida la reproducción total o parcial sin el consentiminto de la autora.
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